Una lucha por el espacio vital. La video-acción nos presenta a dos mujeres de perfil que se enfrentan. Una de ellas comienza a inflar un globo que poco a poco se apodera del cuadro. Acto seguido le tocará el turno a la segunda mujer, hasta producirse la expulsión definitiva del cuadro de una de las dos, que termina fuera de campo.
El trabajo de Dolores Furió abre un abanico de lecturas y dobleces tanto en el plano formal como en el conceptual. La autora está interesada por la propia lingüística del vídeo como moldeadora de luz y tiempo; y por la historia del lenguaje cinematográfico y del videográfico, al tiempo que se implica con problemáticas sociales e ideológicas en torno al cuerpo de la mujer o la construcción de la identidad, de ahí su interés por los discursos feministas o por la lucha de los más desprotegidos.
La pieza, es por una parte una metáfora de la lucha por el espacio vital personal, y en concreto entre las mujeres; por un entorno de soledad buscada, por un territorio donde poder reflexionar, tantas veces transgredido y desplazado. De modo más concreto, el vídeo nace como reivindicación puntual, buscando apoyar a la Plataforma Salvem el Cabanyal-Canyamelar, entidad que defiende el patrimonio artístico e histórico de un barrio marítimo de Valencia, un pueblo que va a desaparecer por la reestructuración urbanística propuesta por el Ayuntamiento de Valencia.
Su trabajo, heredero del arte conceptual y de los movimientos de performance de los años 60 y 70, es de gran originalidad en el panorama español, pues el retorno al cuerpo y a la videoacción que se operó desde la década de los 90 con especial interés por los asuntos de género, prefirió el esteticismo, la anécdota, el kitch o la ficción, a esta vertiente más experimental y arriesgada de Dolores, que prescindiendo de superficialidad, “concentra la acción” dejando hablar al espacio y al tiempo, a la geometría y a la luz del compromiso .