Aunque el acto de rasuración resulte excitante para algunas personas, en este vídeo se anula todo erotismo, por la crudeza de la grabación, resituándolo en el ámbito de lo banal. Pese al dicho popular, »donde hay pelo, hay alegría», el vello también indica dejadez por parte de su propietaria. Pese a que en las culturas orientales las mujeres han dedicado un gran interés por la depilación, como método de limpieza, en la cristiandad no era normal esta práctica por ir en contra de la moral.
Cajaraville ejecuta un »proceso lento y exhaustivo», como una pena impuesta, la pérdida de la rebeldía capilar hacia una normalización estética de la limpieza, evitando que la naturaleza actúe en toda su plenitud, »como búsqueda y forma de liberación.»
Lo excepcional en este vídeo proviene del juego de velocidades en el proceso, ralentizando los momentos de tensión (como tirar el pelo cortado), y la relación de sonidos de carreras de coche, raspados, niños hablando en alemán y, para concluir, sonidos de pájaros liberadores, pero mecánicos. Desde un punto de vista psicoanalítico nos llevaría a una forma simbólica de fijación infantil, desterrando la rebeldía adolescente durante la que florece el vello.
Inscrita en sus inicios en el juego de espejos virtuales desarrolla, a través de un desnudo en vídeo doméstico, una metamorfosis de su propia persona. Las posteriores evoluciones en polimórficas identidades parten de cero en esta autobiografía visual.
Edición y montaje: Maite Cajaraville
Cámara: Norbert Schliewe