“La mala pintura” es un relato de humor negro, con un trasfondo hirientemente crítico y mordaz, sobre los tópicos de la difusión de jóvenes artistas españoles en el exterior valorados por rendir pleitesía al pasado pictórico nacional, tanto de la España Negra como del Barroco.
En su afán de derribar las fronteras de género y alta/baja cultura Carles Congost sistemáticamente va deglutiendo y regurgitando lenguajes, temas y estereotipos que le permiten una relectura oscura sobre el fraude del arte español, sobre una tradición que sigue imponiendo las normas y unos ignorantes interlocutores que se aferran a ella como salvavidas capando cualquier iniciativa que se salga de sus oligárquicos cánones.
Como en otros trabajos suyos en éste desarrolla una superabundancia de efectos electrónicos: superposiciones, chroma key, morphings; combinados con truca teatral, como el cuadro devorador o el libro babeante; y mucha caspa añeja en la puesta en escena que contextualizan el género audiovisual parodiado. “La mala pintura” es un homenaje al cine B de terror europeo en su versión mas bizarra, tipo Darío Argento, Mario Bava o Jess Franco, desde una óptica pop. El autor se encuentra a gusto trabajando con los formatos del denominado «cine basura» pero combinándolos con críticas mordaces a la situación actual del arte español: un personaje, demonio al estilo del “Doctor Fausto”, que reclama la pureza pictórica del «Siglo de Oro» español, asesorado desde el infierno por los espíritus de Murillo, Velázquez y Zurbarán.
La historia comienza con un jurado, de cualquier institución pública o privada dedicada a exportar artistas españoles, seleccionando a su próximo becado estrella. Reunión que se convertirá en una bacanal de sangre y vísceras gracias a una obra entregada fuera de plazo y que pretenden galardonar. Y es que, el comisario independiente siempre tiene la culpa.
“La mala pintura” amalgama multitud de las referencias (incluso citas de citas) que Carles Congost ha ido depositando en sus anteriores trabajos, aunque sin parecerse a ninguno de ellos. Una ficción crítica sobre las políticas y burocracias no escritas del arte actual (“That's My Impression!”) como en donde el héroe (“Spaceboy”) es el videoartsita comprometido (“Un Mystique Determinado”) por encima de los artistas petardas (“Supercampeón”) y por encima de las complejas redes de influencia de los intermediarios de la cultura (“Synthesizers”), el terror propio de series de adolescentes (“Tonight's the night” o “Love & F/X”) y la factura pretendidamente evidente de producción televisiva (“Memorias de Arkaran”).